onírica nada


En sueños la amarga silueta algo resquebrajó,
quizá junto al ocre de viejas hojas,
hijas de lugares pasados,
hoy distantes como inexistentes.

Como fuimos viendo,
la oscura brisa de un atardecer gris,
junto a lóbregos pagos,
alguna vez fueron nuestro hogar.

Hoy el metal se corroe en largos letargos,
la piedra es una nube de neón,
y hace caer junto a su peso a viejos cuerpos,
trayendo consigo fantasmas cansados que se creían olvidados.

Como fuimos viendo,
el campo nunca volvió a florecer,
y los lóbregos pagos aceptaron su destino,
alguna vez fueron un hogar, hoy ya no más.

En sueños siempre corrimos,
por una tierra de plástico.
Más nunca nada tuvimos,
alguna que otra tierna desidia, quizá.
Aunque hoy en la lejanía ya ni se asoma.
Y así me vió las putrefactas entrañas,
en vano, he de decir.
Y así me aferré a su borrosa silueta,
a destiempo, he de decir.
Y ahora solo existo acá; en la onírica nada.
Aquella que lo es todo.

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