Catástrofes - Fragmento de mi próxima novela, 'Ola de Mutilaciones'.
Existen
dos tipos de catástrofes: las inesperadas y las esperadas. En el primer grupo
se encuentran aquellas que suceden sin anticipación, sin que uno se las espere.
Lo primero en lo que uno piensa es en un desastre natural, sin embargo, hoy en
día es cada vez más predecible cuando la naturaleza se hará presente con toda
su rabia y en todo su esplendor. Hay cada vez menos margen para el error, sí,
aunque sigue existiendo dicho margen. Seguimos sin poder predecir cuando las
placas tectónicas harán un desplazamiento. Y dentro de esta falible brecha de
predicción también existe una brecha muchísimo peor. Y es el poder anticipar
una catastrofe pero con poco tiempo. Es decir, sabes que el desastre está
acercándose y poco se puede hacer al respecto. Es esperar que la ola colisione
y rezar. La cuestión es que dentro de las inesperadas siempre ronda la misma
cuestión: la suerte. Estar en el momento justo y en el lugar específico. De eso
dependerá un poco también la cantidad de fatalidades, del azar. Mientras que en
el segundo grupo anteriormente nombrado, el de las catástrofes esperadas,
predomina un sentimiento mucho más ambivalente. Y es el de la resignación.
Pocas cosas deben ser tan angustiantes como el hecho de asumir que cuando algo
sucede, esto no nos sorprende en lo más mínimo. “Era obvio que esto iba a
terminar así”. Llegados hasta este punto de nuestra historia y sin ánimos de
querer exagerar o generar una falsa expectativa, toca preguntarse… ¿Qué tipo de
catástrofe les espera a nuestros protagonistas? Porque hay una realidad, y es
que la magnitud de la catástrofe dependerá de quien la mire. Es obvio que uno
debe de negar la hambruna que hay en el mundo para poder así seguir con su vida
y darle cierto margen a los “pequeños dolores” del día a día. Y está bien. Uno
debería siempre procurar el no juzgar los padeceres ajenos, mucho menos las
catástrofes. A lo que voy con todo este preámbulo es que lo que seguirá a
continuación puede enmarcarse en absolutamente cualquiera de todas estas
características. Dolores pequeños del día a día, una (o varias) catástrofe
inesperadamente esperada con diferentes magnitudes. Simplemente dependerá del
prisma de quien observe. Y dentro de este preámbulo también toca aclarar una
cosa: las catástrofes son parte de la vida de las personas y nunca jamás
podremos escaparles, ni aunque así lo deseemos. Ya que como bien sabemos, su
naturaleza es la de voltear una situación hacia abajo. Es decir, que las cosas
cambien para peor. ¿Quién deseó alguna vez que algo cambie para peor? Bueno…
sería extenderse demasiado, pero toca generalizar y decir que prácticamente
nadie, solo algunas almas. Pero si te encontras dentro de la generalización,
sabrás comprender que la catástrofe es algo indeseado. Dicho todo esto es que
toca retomar la historia precisamente una semana después de dónde la dejamos.
Una semana llevan conviviendo Ainara y Guillermo, una semana en la que todo
aconteció como una especie de luna de miel. Una semana en la que terminaron de
acomodarse en la capital del país por completo, ya que la mudanza estaba
realizada y no necesitaban nada más. El departamento en el que viven es un
monoambiente pero que esto no los engañe: es de gran extensión, con balcón y
ubicado a tan solo dos cuadras de calle Corrientes, y en consecuencia, a cuatro
cuadras del Obelisco. La ubicación es perfecta, el departamento muchísimo más.
La decoración y disposición de los muebles estuvo por supuesto a cargo de
Ainara. Aprovechó el blanco de las paredes para hacer contraste con algunas
plantas de interior en varios lugares del ambiente, colgó algunos cuadros y le
dio prioridad a la ubicación de la biblioteca. Biblioteca que tenemos que
aclarar es gigante ya que en ella se condensan cientos de discos y libros que
pertenecen a ambos. Se tomaron el trabajo de nombrarse uno por uno los discos
para así no repetir y no llenar espacio de más, dejando en Rosario aquellos
discos que ambos tenían. La copia que llevaban a Buenos Aires la elegían
mediante sorteo o prácticamente al azar, les era indiferente ya que a partir de
ahora y con la esperanza de que sea algo duradero, veían las cosas como de los
dos. Con los libros sucedió lo mismo aunque curiosamente no compartieron
prácticamente ninguno. Sus gustos literarios eran extremadamente diferentes.
Mientras que Ainara tenía una clara tendencia a la literatura clásica, véase La
Divina Comedia, por dar un ejemplo. Guillermo era mucho más del siglo XX,
véase, en este caso, Benedetti o poetizas como Alfonsina Storni. Siempre fue
muy fanático de los autores atormentados, claro está. La biblioteca ocupa la
mitad de toda la pared derecha del departamento. En el balcón, Ainara se
encargó de conseguir un par de sillas y una barra. Además ya estaba pensando en
poner una red para una potencial adopción animal. Respecto a los cuadros y
posters que colgaron en las paredes fueron una decisión de ambas partes, y es
que llegaron a un acuerdo: cada uno elegiría un poster que no podría ser
juzgado por el otro, mientras que los demás serían elegidos entre ambos. Y así
es los ubicaron por diferentes lugares del espacio. Hay imágenes de Mazzy Star,
de los Deftones e inclusive decidieron hacer un cuadro de la portada de Ethazi.
Todas cosas que claramente sintieran cercana a ambos para así no generar ningún
tipo de malestar, al fin y al cabo ese iba a ser su nuevo hogar. De ellos, de
nadie más. Ahora bien, alguno procurará estar planteándose cuestiones de índole
mucho más técnicas o de verosimil, como por ejemplo, ¿cómo carajos consiguieron
ese departamento? La respuesta es muy pero muy sencilla: pertenece a un
familiar bastante lejano de la madre de Ainara. Y como ustedes sabrán, el no
tener que lidiar con inmobiliarias hace todo muchísimo más sencillo. Espero que
esto sacie la duda de aquellos que se atañen a la verosimilitud de los hechos.
¿Aportó algo? Espero que sí, porque es un dato bastante irrelevante. Como sea,
retomemos. Esta primera semana, además de asentarse en el departamento, también
procuraron asentarse en la ciudad y el barrio. Fue una primera semana de mucho
turismo para ambos. El supermercado al que irían siempre y a partir de ahora,
la verdulería o inclusive la ferretería. También aprovecharon para recorrer
lugares turísticos o ver el atardecer desde el Obelisco, con la 9 de Julio como
postal. Además y por supuesto, tuvieron sexo literalmente todas las noches. Y
así fue que más o menos transcurrió la primera semana de ambos, sin embargo,
llega el domingo a la noche y las cosas entran en otro plano. Ni mejor ni peor.
Hay quienes disfrutan este horario, otros que no. Pero es imposible de negar
que parece como si la humanidad entera entrase en una especie de vórtice del
que nadie puede escapar. Y fue este primer domingo que tuvieron su primera
discusión en el departamento, la cual y para ambos fue bastante movilizante ya
que trajo consigo una serie de dudas en ambos. Es imposible que no se
preguntasen a sí mismos si esto iba a ser siempre así o si simplemente fue un
hecho particular. ¿La razón de dicha discusión? Que a Ainara le tocaba lavar
los platos y decidió hacerlo por la mañana, mientras que Guillermo no podía
dejar pasar el hecho de que estén los platos sucios por lo que decidió
lavarlos. Esto molestó particularmente a Ainara.
—Te
dije que los iba a lavar yo.
—Sí,
pero no importa. No me molesta lavarlos.
—A mi
sí.
—¿Qué
te molesta?
—Que
los laves vos cuando me toca a mí.
—¿Y
pero cuál es el problema?
—No te
hagas el pelotudo.
Y así
empezaron a discutir, tanto que la discusión se extendió durante unos veinte
minutos hasta que se fueron a dormir sin haber llegado a ningún lugar. Ninguno
asumió que el otro tenía la razón. Esta
vez se acostaron y se durmieron sin nada de sexo de por medio y claramente
enojados el uno con el otro. A la mañana siguiente se dieron cuenta
instantáneamente de que había sido un error, por lo que arreglaron e hicieron todo
lo que no habían hecho la noche anterior.
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