"No puedo evitar sentir que de alguna manera mi cuerpo arruinó mi alma"
Fue Lana del Rey quien en 2023 plasmó el arrasador paso del tiempo mediante su último gran álbum, "Did you know that there's a tunnel under Ocean Blvd". Mediante la canción que da título, la estrella más incomprendida de nuestro siglo logró demostrar una "evolución" (no en términos darwinianos remarcando que lo anterior era involucionado, más si desde una cuestión evolutiva en cuanto a aquello que cambia con el paso del tiempo, independientemente de si es para bien o para mal) en su narrativa. Ahora, aquellas inquietudes dignas de alguien en sus angustiantes 20's pasaron a otra cosa. Ya no se trata de una angustia por el simple hecho de ser alguien incomprendido. Ya no se nació para morir, mucho menos ganó la ultraviolencia (¿o sí?). Ahora, toda eso quedó relegado a un segundo plano cuando comprendemos que la mayor inquietud es la del paso del tiempo en tanto y en cuanto entendemos que el arrasador reloj de arena está a la vuelta de la esquina. El olvido ya llegó. Como los tuneles que se esconden en Ocean Blvd. Túneles que quedaron congelados en el tiempo y relegados. Ahora el mayor dolor es el olvido, o eso podríamos creer. Toca adentrarse en la obra para descubrir que es lo que tiene Lana del Rey para decirnos. Sin embargo, encuentro en dicha canción una comprensión para con lo que inquieta que me parece hermosamente arrasadora. Es una búsqueda de la trascendencia que aún no llegó y que se hace esperar. Es una perspectiva del paso del tiempo y su aplanadora imposibilidad de ser detenido. "No puedo evitar sentir que de alguna manera mi cuerpo arruinó mi alma". Es la consecuencia de todas las cosas que nos movieron años atras. Un cuerpo desgastado, golpeado y que así es como enferma al alma. ¿Me hice esto porque mi alma estaba enferma? ¿Enfermé mi alma porque me hice esto? Preguntas a disposición de una sola cuestión: no querer ser olvidados. Encontrar en la trascendencia una paz que quizás nunca nos será dada, pero en esa espera se encuentra un motor que nos mantiene alertas y a disposición. "¿Cuando va a ser mi turno?". El olvido probablemente nos mate poco a poco y sea la manera más rápida de envejecer, sí. La vorágine de los 20's hacen que el tiempo sea una abstracción en la que todo lo que suceda en dicha época esté destinada al más amargo olvido, porque entre sustancias y emocionalidad violenta uno olvida más rápido. Y seamos justos, a veces quizá sea mejor olvidar. Casi como si de un sueño se tratase (uno oscuro). Sobre todo si se vive de manera ultraviolenta. Y entonces, llegados a este punto, ¿qué nos queda? Rogar. Rogar que no nos olviden. Y no en pos de saciar un ego que está gritando a los cuatro vientos, no. Se trata de otra cosa. El olvido es lo que nos mata lentamente. En cualquiera de sus formas. Hago todo esto para olvidar aquello que dolió, y resulta que lo único que estaba dejando en el olvido era el ente corpóreo que me toca ser. Y ahora inevitablemente necesito de un otro para que me recuerde lo que olvidé de mí. Me maté lentamente y poco me queda por hacer, ¿no? Desde mis 25 años no tengo mucho para aportar, en realidad, no tengo nada para decir. Sólo que conocí a Lana del Rey a mis doce años por lo que pude crecer junto a su música, por ende lo mejor que puedo hacer es aferrarme a todo aquello que la artista tuvo para decir alguna vez y a través de su propia historia hacer más amena la mía. Vaivenes violentos atravesé junto a sus discos, y hoy, casi 15 años después puedo decir que tal vez entendí lo que tenía para decir. O eso me gusta creer, la realidad es que probablemente lo amoldo a las inquietudes propias de mi psiquis. Y está bien, porque así tiene que ser. De eso se trata. Lo único que sé es que como dijo Robbie Williams "Siento que envejezco antes de tiempo". Para mi suerte tengo una forma de hacerlo de la mejor manera de todas, y es que tengo a disposición la discografía de la mejor popstar del siglo, la más incomprendida, la más real, la más violenta y la más poeta. Lana del Rey es la puerta a la trascendencia propia, o al menos, hacia esa búsqueda. Es la puerta para llegar a un lugar que uno cree imposible de acceder. En el laberíntico espacio que es el tiempo se encuentra un túnel más viejo que la civilización misma y que espera, que aguarda a ser descubierto por nosotros. Un túnel que en realidad... ya fue encontrado. Y nosotros tenemos la llave que abre esa puerta. Tiene nombre, se llama Elizabeth Woolridge Grant.
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