La odisea para poder volver (y la necesidad de antes tener que partir). Nos estamos viendo.
I wonder where you are.
I wanted to you to show me the way around those city walls.
The way on through.
I wonder where you are, I wanted to you to show me.
But now the night was fallen, abandoned by the sun.
-twenty one pilots, City Walls.
En mis casi 26 años considero que aprendí alguna que otra cosa, no tantas debido a que tropesé más de lo que aprendí ya que el eterno martirio de repetir los errores una y otra vez me persigue desde tiempos inmemoriales, -por no decir que, en resumidas cuentas, soy bastante pelotudo-. De lo poco que aprendí y gracias a que reiteradas veces bordee lo que simbólicamente podría considerarse como "el abismo", es que tengo que prestarle atención a los llamados de atención que el propio cuerpo se predispone a dar. Quizá sea una obviedad, pero muchas veces uno tiende a hacer oídos sordos a la situación e ignorar que en realidad... se está en la mierda. Como siempre, cito a Benedetti; siempre cuesta un poquito empezar a sentirse desgraciado. Y es que por negación, por miedo o por simple ignorancia uno se permite la impertinencia de ignorar los llamados de atención. Hasta que un cuerpo cansado de andar cede ante una mente más cansada aún y llegan los síntomas, la primera explosión. Una profunda angustia devenida en ansiedad o viceversa, es todo tan confuso que uno pierde un poco el eje y no sabe de donde viene todo. Es tan abrumadora la sensación de desamparo que es imposible encontrar en una primera instancia que cosa acarrea a la otra. El punto es que comienza; dolores de cabeza repentinos, palpitaciones/transpiración, orzuelos, terrores nocturos, dormir corriendo, dolores de pecho, sentir que no se tiene control del propio cuerpo; ansiedad, pánico, angustia y desorden químico. Ataques repentinos de tristeza, confusión y... cansancio... sobre todo, cansancio. Que todo sea extraño y no pertenecer a ningún lado. Ni siquiera a uno mismo. Y en toda esta amalgama de sensaciones es que me ubico, o al menos, estoy en algún lugar de todas esas cosas. Cuestión, ¿qué decidí hacer? Gracias a tantos años de terapia y psicoanálisis aprendí a conocer mi modus operandi psíquico. Es decir, ante un padecimiento tengo bastante en claro como actuar. El primer paso siempre pero siempre es enfrentarme al espejo. Nunca, por más miedo y pánico que me de, tengo que correr. Tengo que ponerme frente a frente y llegar hasta los oscuros laberintos mentales para así llegar a la raíz de todo el padecimiento. Lo hice, ¿y que ví? Me voy a tomar el atrevimiento de citar una vez más a Benedetti: Hace mucho, muchísimo que yo no me enfrentaba como anoche al espejo. Y fue implacable como vos, más no fue tierno. No me gustó para nada lo que encontré. Al lugar que hemos llegado. Buscado o no. Consecuencia de decisiones o azar de un destino incontrolable. Da lo mismo, mis razones son mías y de nadie más. El punto es que como si de una cuestión nietzschiana se tratase, de tanto mirar a la oscuridad uno puede acabar por convertirse en una copia idéntica de la misma. ¿Y qué hacer? Ahí está el eje de la cuestión; en La Odisea de Homero resulta que su protagonista, Odiseo, llora en varios pasajes del poema. Hay un millón de análisis hechos por diferentes autores y teóricos sobre lo que significa el llanto en las dos obras supremas de la literatura universal (Ilíada y Odisea). Una de estas tantas explicaciones y análisis nos lleva a que en el caso de Odiseo, llora en una primera instancia (depende de la situación en la que llora, claro está) por el kleos. Esto es, para el griego antiguo, un concepto que representa algo así como la fama, una fama construida en base a la gloria obtenida gracias a las grandes hazañas. Ahora bien, ¿Odiseo llora porque va a perder su "fama"? No. Odiseo llora porque va a ser olvidado. El kleos es, en una instancia mayor, la inmortalidad. Es decir, gracias a la construcción del kleos, se le rendirá culto después de muerto y será recordado por toda la eternidad. Y esto representa la inmortalidad. Corte la película Coco, de Pixar. La verdadera muerte es el olvido. Por supuesto que Odiseo también llora por Ítaca, su tierra paterna, su patris. La nostalgia de extrañar su hogar, su familia y el reino del que es dueño. El llorar, en Odiseo, es una demostración de humanidad. ¿El punto? Odiseo, para salvarse, debe de volver a su hogar. Todo este preámbulo es, básicamente, para llegar a la conclusión de que tengo que volver a las raíces, a reconectar conmigo mismo y a reencontrarme. Después de tanto naufragar y vagar por interminables odiseas, lejos de todos los que me hicieron, toca volver un rato. Pero primero, tengo que poder abrazarme de nuevo. 2025 está siendo duro, más de lo que pensé. Pero bueno, también somos lo que hemos perdido. Sin embargo todavía no termina el año y queda bastante recorrido por hacer, pero con un solo objetivo: mejorar. Para mí, para con los demás. Lo primero que voy a hacer es desaparecer de este bendito lugar llamado ciberespacio por tiempo indeterminado. Será una semana, un mes o un siglo, no importa. Estoy saturadísimo de información completamente innecesaria que lo único que hace es crearme una bruta disociación. Después de borrar mis cuentas de redes sociales, me voy a ir a ver One Battle After Another al cine por cuarta vez. Ahí está lo que de verdad importa. Y así, pasito a pasito voy a volver a estar óptimo en condiciones, como siempre hice. Qué más nos queda, ¿no? En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida. Siempre se trata de partir para así tener que volver, para luego volver a partir. Sed felices, carajo. Paz -mental- y amor.
PD: Sí, volví a la psicóloga. Fue un veranito de 8 meses, pero bueno, como dije; para mejorar... volver.
Comentarios
Publicar un comentario