ojalá dejes a tus muertos atrás
"It's all over now, Baby Blue" - Bob Dylan.
Hay una realidad ineludible en el comienzo de este escrito; no tengo la más mínima idea de cómo empezar, mucho menos de como voy a hacer para escribir y acomodar de alguna manera elocuente y lógica la cantidad de pensamientos que se me cruzan sobre el tema -más bien, la persona- del que quiero escribir hoy. Pero genuinamente se me pasan tantas cosas por la psique y me quedo tan en blanco que no me lleva más que a un insoportable divague constante. Pensamientos, sentimientos, recuerdos y emociones varias. Enojo, tristeza, anhelo, felicidad, nostalgia o añoranza. Una exagerada predominancia de hiraeth. De hecho, mientras estoy escribiendo esto tengo una leve incomodidad. Pero... ¿cuál es la cuestión de todo esto?
El vínculo "post-primigenio"
Todos tenemos un vínculo. Es decir, ÉL vínculo. ¿Me explico? Ese que nos acompaña desde que tenemos uso de la razón -o al menos, desde un momento que ni recordamos-. Un vínculo que viene directamente después de nuestros vínculos primigenios. Sí, con ese nivel de relevancia. Y la relevancia no decanta precisamente en que el vínculo siga construyéndose a día de hoy, ni siquiera en que esa persona esté presente en nuestras vidas de manera física -no siempre la muerte es la explicación, a veces, simplemente las cosas dejan de ser, no seamos fatalistas en demasía-. Por eso es que soy fiel creyente de que hay personas que nos marcan tanto que inevitablemente nos condenan a vivir con su presencia hasta el final de nuestros días. Sea una presencia fantasmal o una que concurre de vez en cuando en amenos encuentros. Pero, ¿qué es lo que hace que nos marque tanto? ¿de dónde deviene todo esto? Lo que yo creo es que hay cosas que no tienen tanta lógica o explicación. Uno si quiere podría atribuírselo a las experiencias compartidas. A los discos que escuchamos en el tiempo, a las películas que criticamos o a la compañía en momentos de desazón. Sin embargo... creo que es más abstracto e inclusive inexplicable. Vamos, que estamos hablando de ÉL vínculo. Yo comparto todas esas cosas con un montón de gente -a la que amo, inclusive más, que a ÉL vínculo-. No se trata de eso. Se trata de algo que trasciende el tiempo y el espacio, corte la boludez de Interestelar pero sin tanta sobreexplicación y complejidad de cartón. Es decir... ese vínculo fue tan relevante, nos marcó tan a fuego en alguna parte extraña de nuestro ser que va a estar ahí hasta el final de los tiempos independientemente de lo que suceda con el vínculo "físico". Quizás nunca volvamos a saber que fue de dicho vínculo, sin embargo... ahí va a estar, hasta el final. Hasta nuestro Ragnarök. Una de sus características más marcadas es que lisa y llanamente no se elige. Será azar o causalidad, no importa. Podemos barajar un millón de teorías pseudoreligiosas o hijas deformes de la New Age, sin embargo no es para nada relevante ya que jamás vamos a tener una respuesta. Quizás simplemente se trate de mera casualidad y algo para nada místico. Quizá y probablemente se explique ahondando en fenómenos psíquicos, biológicos y químicos. No importa, porque acá, en este mundo que conozco como real, existe en lo ilógico. Y no solo existe, sino que se encarna tan fuerte en nosotros que nos volvemos uno con él. Se suma a nuestra historia ancestral. Es un vínculo que nos cambia el prisma para siempre y se vuelve parte del mismo. Es un punto de inflexión del que probablemente no tengamos un registro claro, pero somos porque ese vínculo existió en algún punto determinado de nuestra narrativa existencial propia. Y ya entrado en calor, procede terminar con todo este preámbulo para ahora sí, pasar al eje de la cuestión, al ojo del huracán, al objetivo de todo este insoportable escrito; ella, mi vínculo "post-primigenio". Ah, pero antes aclarar: no precisamente es recíproco. Es importante recalcar que no hace falta que exista el amor tal como lo conocemos de por medio, lisa y llanamente, porque no es de lo que se trata todo esto.
PD: No confundir con trauma -aunque en algún punto, es traumático-.
Cuando el río se congele y el verano termine
No me acuerdo en lo más mínimo cual fue nuestra primera interacción, muchísimo menos cuando. Lógicamente fue y como no podía ser de otra manera en estos tiempos, a través de este mundo muerto llamado internet. Fue hace poco más de diez años -creo, puedo errar-, es decir, casi la mitad de mi vida. Una barbaridad de tiempo. Si bien no me acuerdo el momento exacto, ni que fue lo que nos llevó a intercambiar mensajes, me acuerdo a la perfección como me sentía en aquel entonces, o quien era -o creía ser-. Y es que como escribió una vez Phoebe Bridgers -el amor de mi vida, dicho sea de paso-: "I wanted to see the world". Y es que era eso, en aquel tiempo era otro completamente diferente. ¿Nunca tuvieron esa sensación en algún momento de la más temprana adolescencia? Esa sensación de infinitud ante el mundo. Uno se cree tan inmortal que quiere ver el mundo. Y ya sé, la adolescencia es una reverenda mierda y eso si que es algo traumático. Pero no estoy hablando de una sensación constante. Quizá la sentiste solamente durante un breve instante, pero la sentiste al fin y al cabo. Y citando, una vez más a Phoebe Bridgers: "Oh, come on, man. We can be anything". Esa era la sensación un poco también. La de poder ser todo -y a la vez, nada-. El mundo estaba por delante. Y no digo que ahora no sea así, tampoco voy a andar diciendo que desperdicié mi vida y cosas de dicha índole cuando tengo apenas veintiséis años. Sin embargo, es un hecho que dicho sentimiento se apaciguó muchísimo. Quizá la piel se vuelve un poco más dura, uno se vuelve un tanto más reacio y es cauteloso ante ciertos sentimientos y ciertas sensaciones. Será el devenir de muchos amores que quedan en el camino, amistades que se distancian y personas que desaparecen de nuestras vidas que lo vuelven a uno un tanto... hosco. Tampoco voy a decir que soy un viejo de mierda, pero definitivamente me tomo con muchísima calma algunas cosas. Me estoy yendo, así que vuelvo. Ahí tienen contexto, de cuando nos conocimos y del ahora. Retomemos.
Lógicamente a través de tanto tiempo las cosas cambian. Ella, yo y el mundo. Imagínense la cantidad de cosas que pasan en diez años en la vida de uno, bueno, ahora sumémosle la adolescencia en el medio y los primeros pasos de la adultez, es insana la cantidad de cosas que atraviesa uno en el medio. Ninguno es el mismo. Sin embargo me gusta pensar que hay cosas que siguen bastante iguales en cierto punto. No importa, como sea, no tengo pensado ahondar en cosas personales y que son nuestras, de hecho, ni siquiera voy a decir absolutamente nada sobre nuesto vínculo más que cosas específicas que sirven para remarcar otras cosas -cosas, cosas y más cosas-. Lo único; hubo un tiempo determinado en el que durante mucho tiempo perdimos el contacto. No importa porqué, no es relevante. El punto de traer esto a colación es que pensaba bastante seguido en ella. Me preguntaba si me recordaba en lo más mínimo. La de veces que le hablé a la pared trayendo su figura fantasmagórica, pensando y repensando si era feliz, si había logrado las cosas que quería o si simplemente estaba todo bien. Por suerte en un momento obtuve la respuesta y retomamos el contacto. Ahora bien, más allá de todo el tiempo de ausencia que dio lugar a repensar muchas cosas en general, desde que volvimos a hablar también hubo mucho espacio para la reflexión, si se quiere. Y es que no puedo dejar de pensar en aquella canción de Bob Dylan que esboza lo siguiente: "If you go when the snowflakes storm, when the rivers freeze and summer ends. Please, see if she has a coat so warm to keep her from the howlin' winds". Y es que en la ceguera hija de mi tristeza/enojo perdí exageradamente de vista todo lo que realmente importa; que esté bien. Y ahora, con otra forma de ver las cosas, con toda el agua que atravesó este viejo y caudaloso río es que puedo comprender que es lo único que importa y vale la pena. Velar por el bienestar del otro, por su bienestar. Arcaicas historias pasan por la vida de uno. Pero uno debe de ser siempre cálido con aquellos que lo hicieron, y no se trata de una devolución de favores o una cuenta que debe de ser saldada. Nada dista más de la realidad. Se trata lisa y llanamente de que algo existe, de que hay algo, y de que ese algo atraviesa y sucede en terrenos de cosas intangibles. Además, es probable que ni siquiera podamos hacer nada por el otro porque es una batalla de la que ni siquiera somos parte. Simplemente uno puede... ¿acompañar? Ni siquiera. Uno debe de estar por si se lo necesita, lógicamente. Pero nunca, jamás, uno debe de creer que puede tener la respuesta al dolor ajeno. Primero porque es atribuirse un poder que lamento informar... no se tiene. Y segundo, porque puede ser sumamente invasivo para el otro -y ególatra-. Tampoco digo que hay que hacer oídos sordos y "sacarse de encima" el dolor ajeno. No. Pero usted me entiende. Hace falta un tacto particular que todos debemos de tener en algún lugar escondido. Un tacto que te dice "Puedo ayudar, estoy seguro". Sea como sea, uno solo quiere genuinamente el bienestar del otro.
Ojalá dejes a tus muertos atrás
En fin, ¿he divagado por demás? Seguro, pero es algo normal en mí, sobre todo cuando hablo de cosas que me exceden. Pero es una pequeña porción de algo que tenía guardado y quería sacar. Mucha tierra a volado por este camino, pero es nuestra. Por último, pero no menos importante -de hecho, es la razón de ser de todo esto-. Simplemente quería rogar mediante este escrito que como todo... quedará en el olvido. Rogarle a este "ente abstracto new age post moderno pseudoreligioso intangible que no tiene explicación ni respuestas y quizás solo es el más estúpido azar" que así como nos unió en un determinado momento, la proteja. De las mayores penas, de los angustiantes humos devenidos en tiempos oscuros, de las pesadas arenas del tiempo y de los vaivenezcos caminos venideros. Que sus próximas peripecias finalicen todas y cada una en el más tierno cantar junto a quien corresponda. Que se recuerde vieja y se vea más joven, siempre. Que como a aquel poeta, Virgilio no le abandone, pero sobre todo, que Beatrice -la gracia- siempre la espere al final del camino. Que cuando se enfrente a las peores calamidades los bienaventurados la reciban de brazos abiertos para hacerla parte de ellos. Que nunca abandone toda esperanza a sabiendas de que algo mejor ahí fuera la espera. Porque puede y tiene con qué. Que toda persona que tenga la capacidad y la suerte de lograr saltar la derruida muralla y pueda así adentrarse en su aletargado corazón, la trate con clemencia, pero sobre todo con ternura y que no deje una desoladora borrasca. Que el páramo que representa a algunas almas solo alargue la vida de la creosota que pueda representar la suya. Que su capacidad para amar la tragedia sea simplemente un mal recuerdo -o un cálido lugar-. Que todas las veces que escuche su canción favorita sonar se sienta siempre como la primera vez. Que las viejas estaciones llenas de maleza sean lo más verdes posibles junto a una brisa que no deja de abrazar. Que si el tiempo nos separa una vez más -que lo hará- sepa que la recuerdo y la voy a recordar, siempre. Ya que es mi vínculo post-primigenio y va a ser siempre así. Pero sobre todo, que recuerde: "Algo te llama, olvida los muertos que has dejado atrás, ellos no te seguirán. El vagabundo que está tocando a tu puerta lleva puestas las ropas que usaste alguna vez. Enciende otra cerilla, empieza de nuevo".
PD 2: Dejó una playlist que representa una de mis tantas ideas de ella. Porque siempre hay que idealizar un poco y romantizar un poco más, obvio.
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