𝖈𝖔𝖓 𝖚𝖓 𝖇𝖎𝖘𝖙𝖚𝖗í 𝖘𝖆𝖈𝖆𝖒𝖊 𝖊𝖑 𝖈𝖚𝖊𝖗𝖔 𝖊𝖓 𝖑𝖆 𝖗𝖔𝖏𝖆 𝖕𝖆𝖒𝖕𝖆
PD: Es algo centrado en el body horror y el terror cósmico, la locura. Por lo que quizás hay un dejo de oscuridad jejox
roja
pampa
Perdió sus manos en el viento,
mientras el calor ardiente quemó el pasto.
Dejando no más que un árido yermo.
Para ella es el mundo entero.
No conoce ni conoció otra cosa.
Cuando todo se calmó,
el suave céfiro apaciguó durante una milésima de segundo.
Sin embargo trajo consigo un pesar arcaico,
uno que hace su andar desde tiempos remotos.
Sintió como los insectos se comían su carne,
como la sangre antes de hervir se volvía biscosa.
Hasta que antes de ceder… vió la luna salir.
Y sus destellos cubrieron toda la desolada pampa,
haciendo resurgir su sucia dermis de las frías garras de la Catrina.
De repente, sus manos se llenaron de crúor.
Toda su historia se condensó ahí,
en lo rojizo atrapado entre sus uñas.
Cerró suavemente sus pálpebras y escuchó la
tierra crujir.
Sintió la polvareda pinchar y posarse sobre sus mejillas,
y a ecos de añejas y ajenas agonías vociferar
impíamente.
Aunque bien sabía, también le pertenecían.
De alguna extraña manera eran propias.
Y así, sobre sus hombros la extraña sombra se
posó.
Observó una última vez el halo colarse entre
sus pestañas,
Y así, la bilis tragó y la cola de cascabel besó.
bisturí
Sangró lágrimas en una tierra desconocida.
Una que se encuentra en algún lugar recóndito.
Entre laberintos de sakuras kiotenses y una Gran Vía.
Entre los pantanos del norte y los glaciares australes.
Entre el frío siberiano y el despertar de Hekla.
Se niega a asumirlo, pero perdió.
No sabe ni cuando, mucho menos cómo.
El olvido no prevaleció y así,
las promesas se perdieron en vahos de antaño.
Y es que mirando el vacío gris aquel rostro
volvió.
En el ocaso de su dicha,
cuando la noche poco a poco se acercaba,
y en el intento de ya no recordar más,
fue que agarró el bisturí y comenzó a cercenar.
Comenzó por sus ojos, arrancádolos de sus cuencas.
Siguió por sus marcas cosmogónicas,
cortó los lunares de sus muñecas,
atravesó sus músculos y llegó a sus huesos.
Los quebró y se fundieron entre restos de carne y vena.
Buscando así borrar todo rastro de reminiscencia,
la propia y la ajena.
Y es que solo busca el vacío, lo oculto y lo muerto.
Ya no quiere recordar más.
Pero hay algo que no sabe; es solo el comienzo.
Porque resulta, también somos lo que hemos perdido.
sacame el cuero
La esperé sentado en el rincón oscuro,
donde no entraba ni un dejo de luz.
Pacientemente con las colillas de cigarro jugué,
apagándolas una a una en mi piel,
trazando así un mapa que nos lleve a la
tierra prometida.
La puerta se abrió y no pude evitar el entusiasmo,
era momento de encontrar lo que duerme en el alma.
Sin medir tono, le grité.
“Sacame el cuero, sacamelo ya”.
E inevitablemente procedió.
Cortó lentamente y en finos pedazos mi piel,
siguiendo el camino de negras marcas.
Fue tan prodigiosa que casi ni sangré.
En ningún momento dejé de sonreír,
inclusive algo de baba sobre sus muslos derramé.
Henos aquí, en búsqueda del mito de la creación.
Henos aquí, más reales y humanos que nunca.
Henos aquí, al borde de una verdad que nos excede.
Sabiendo que ya no hay vuelta atrás,
a partir de ahora, mutilados nos amamos.
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