terrores cósmicos y abismos intangibles

"Tú no me miras, tú no sabes quién soy.
Tú no me escuchas, no imaginas quién soy.
Tú no me amas: siempre soy una molestia.
«Tú no crees en las lágrimas», — susurraré estas palabras".
-Ты Же Не Знаешь Кто Я, de Molchat Doma.



Siendo justo conmigo mismo, o más bien, sincero, la espiral caótica en la que me vi envuelto en estos últimos meses (podría estirarlo al año en general) hizo que por momentos me encuentre vagando entre largos letargos de poca claridad mental y una pésima toma de decisiones. Algo así como estar viviendo en una especie de dimensión onírica de la que símil a un agujero negro, ni la luz puede escapar de ahí. Y en consecuencia termino por corroer todo lo que está a mi alrededor. Consciente o no, siento que últimamente todo lo que se acerca a mí termina con una profunda putrefacción, como si no pudiese evitarlo. Por supuesto es una falacia, ya que sería algo así como una retorcida justificación o una expiación de las culpas causadas por todas las cosas que puedo llegar a hacer mal y a quienes lastimo en el camino. Buscando respuestas a toda esta cuestión es que me encontré de repente en un océano interminable de dudas. Adentrándome en insostenibles y colgantes laberintos que me atrevo a decir, son infinitos. Es algo así como un horrible sueño y como si solo existiese en él -y a su vez, solo él existiese-. Cómo si de tantas realidades que rodean, todo lo que se conoce como real se viese profundamente trastornado por lo que ahora yo sólo conozco como real. Como si una especie de terror cósmico se manifestase de manera poco tangible a través de mi día a día. Algo así como si una horrible verdad se me revelase a través de este horrible sueño para decir: "YO soy la realidad y no todo lo que conociste como tal". Y no existe una clara línea entre mundos. Todos tus conocimientos, las personas que amaste, las que odiaste, las que cruzaste más no recordás y todo aquello que asumiste como real... es parte de un insignificante fragmento de nada. Tu eterna e infinita nada. Y no existen diferencias entre estas cosas. Ni entre los dolores que alguna vez sentiste ni en las alegrías que alguna vez viviste. Ahora y llegado el caso, ¿está bien? ¿está mal? No hay respuesta clara, simplemente es. No entiende mucho del bien y del mal. Sin embargo siento una especie de pulso que crece en mis entrañas a pasos agigantados con cada día que pasa y que incrementa cada vez más la sensación de desamparo ante la onírica inmensidad. Un pulso que se pasea por todo mi cuerpo, sin un lugar estacionario. Y todos los caminos llevan a Roma; el desconocimiento. De quien fui, de quien soy, de lo que perdí y de todo lo que alguna vez tuve. Y así de tanto enfocarme en el terror cósmico es que me perdí. Ya nadie me mira, ni siquiera yo mismo. Menos escucharme. Lo que nunca supe es que la solución siempre estuvo ahí, a la vuelta de la esquina, en mis entrañas y junto al desconocido pulso. Siempre se trató de que en realidad, la mejor manera de purgar es mirando al abismo, al terror cósmico, a lo irreconocible e interminable. Resulta que de mis putrefactas entrañas solamente se trataba de una nueva realidad que iba a nacer; estaba creando mundos para mí. Sangré, sentí como explotaba algo dentro de mi estómago. Dolían los ojos que parecían salirse de sus cuencas ya sin párpados, siendo invadidos por pequeños filos de hojas de papel que cortaban lentamente, sentí mis uñas ser arrancadas por clavos y los huesos romper mis propios tejidos de piel. Grité y grité, lógicamente, sin que nadie escuche. Y de golpe, el pulso se calmó y así nació un pequeño y nuevo monstruo. Ese mundo que estaba creando ni siquiera era mío, era de mucho más allá, de algún lugar perdido lejos en el tiempo y entre los límites que corrompen a cualquier ser. Mucho más allá del vasto lugar que conocemos como mundo, mucho más allá de todo lo que vamos a conocer alguna vez a causa de barreras invisibles. Mucho más allá del abismo y de la luz. Buscar una respuesta probablemente sea en vano, más puedo asegurar una cosa: hoy, el abismo no ganó, ya que por lo menos en lo que dure el día de hoy, lo solté y me adentré en una nueva búsqueda, una que espero, me haga ser mejor.

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