La eterna búsqueda (y el nunca dejar de preguntar) - Sobre algunas obras Coming of Age.

     Desde un tiempo hasta esta parte estuve trabajando en un guion que hace un largo tiempo tenía ganas de empezar. Como con todo, nada se inventa desde 0. Por ende me dispuse a revisionar diferentes obras que se enmarcan dentro del género que quiero trabajar, es decir, el coming of age. En un principio fue en todos sus subgéneros. Comedias, dramas o terror, lo que sea. Mientras más abarcativo sea, mejor. Eso crea un prisma con el cual se logra ver y descubrir desde donde se quiere abarcar la narrativa. Ya sea en tono o temas de la trama, pero sobre todo, en la creación de personajes. Elemento central dentro del género coming of age. No existe coming of age sin la voz de sus personajes. Y así, entre mares de obras fui encontrando el tono -aunque para ser justos, ya lo tenía bastante claro-.
    La idea de hacer algo border a lo Larry Clark siempre estuvo latente, nunca me separé de esa idea. Sin embargo se necesita mucho más. Harmony Korine y Larry Clark escribieron sus guiones siempre desde la fatalidad de ser un adolescente en un Estados Unidos en constante conflicto social, siendo la podredumbre de la moral, la ausencia de la autoridad/estado y los padres desalmados los temas centrales. Llevando así a los jovenes a un nihilismo existencial por demás angustiante. Es decir, el hecho de que estén filmadas de manera casi documental no hace más que reflejar lo que sienten sus personajes; esta realidad, la que existe en las calles de la supuesta ciudad de los sueños, es la que más se ignora y sin embargo, está entre nosotros. Y así sus protagonistas viven de la única manera que saben... si no tenemos futuro, si no existe redención alguna, ¿por qué debería de hacer las cosas bien? No existe la culpa. Y por inercia aparecen escenas y secuencias de un salvajismo que impresiona hasta al de estómago más fuerte. Pero ese es el punto, que sepamos que esta es la realidad que estamos ignorando. Sin embargo no me encapriché con esta idea y como dije anteriormente, fui en búsqueda de otras perspectivas -a pesar de ya tener una idea base de sus protagonistas y trama-. Lo que no esperé es que me iba a encontrar con un mundo nuevo y con una forma de ver las cosas completamente nueva. Pero eso queda para el final, antes de la reflexión final -y para eso fue todo este insoportable preámbulo- voy a hablar de alguna de las obras que fueron centrales en esta nueva búsqueda.

Priscilla, dir. Sofia Coppola (2023)

    Lo que parece ser una biopic más del montón rápidamente se encarga de dejar en claro que no. Estamos frente a una obra cruda y visceral amalgamada con su increíble estética. Difícil es olvidar su inicio con música anacrónica. Esta decisión de Coppola sirve para remarcar que se trata de un relato atemporal. Planteando la idea de que hay cosas que mucho no cambiaron, como así Elvis juraba y juraba cambiar pero terminando siempre en el mismo lugar. Y así es como vemos a Priscilla en una cárcel de la que no puede salir, primero que nada, por creerse su propio cuento de hadas -lógicamente, debido a su corta edad-. Una niña que se ve obligada a crecer gracias al maltrato ejercido por la persona que ama. Y así es como veremos a la protagonista liberarse de dicha prisión, no sin antes, haber pasado por el infierno de la violencia. Dicha liberación llegará, lógicamente, con el cambio de época y sobre todo, con su crecimiento. Cuando Priscilla comprende que es dueña de sí misma y de sus decisiones, es cuando tomará la decisión de irse y ahora sí, ser la mujer que siempre quiso y debió ser.

SOUR, de Olivia Rodrigo (2021)


    Apenas 18 años tenía Olivia Rodrigo cuando vio la luz el que fue si primer álbum de estudio. Poco se sabía en aquel entonces que dicha obra se transformaría en la voz de toda una generación. Sin embargo, desde la primera escucha quedaba todo dicho: estábamos frente a una obra tan pero tan sincera -y magnífica- que iba a ser imposible frenar la ola que trajo consigo. Una ola de comprensión para con la adolescencia actual. En SOUR, Olivia Rodrigo condensa el mundo en el que creció -sobretecnologizado y ultra conectado- pero a su vez comprende que todo por lo que pasó o está pasando no es nada nuevo. La adolescencia, esencialmente, siempre es la misma independientemente de la generación. Y vaya que lo comprende; el dolor de crecer está ahí, junto al dolor de amar o que te rompan el corazón. En SOUR demuestra que se puede ser simple en cuanto a lo que se narra y a su vez, complejo en sus formas. Las obras maestras también son simples, no hace falta mucho quilombo. Para quilombo está el después que llegaría con su otra obra maestra, GUTS. Donde la adolescente creció y pasó a ser una mujer, una mujer enojada por el mundo que rodea. Un mundo injusto, cínico y que duele. Esto reflejado en sus letras como en su sonido. Pero ese es otro cantar, en cuanto a coming of age se trata... SOUR es musicalmente lo mejor que tuvimos en décadas. No hubo otro igual. Ni antes ni después.

    Acá toca pecar de sentminetal. Pero hay una realidad: ninguna obra me marcó tanto en mi adolescencia temprana como la novela de John Green.

Domingo 15 de Marzo de 2015:
"Terminé de leer 'Buscando a Alaska'. Es la primera vez que lloro así con un libro. Creo que voy a extrañar a Alaska y a todos toda mi vida. Me quedaron muchas preguntas que espero alguna vez pueda contestar". 

Después de varios años volví a la obra y leí la novela en una de esas noches y en consecuencia visualicé la serie, ya que tenía recuerdos nulos de siquiera si valía la pena. Y para mi sorpresa... es magnífica y capta a la perfección lo que la novela busca transmitir, y no solo eso, sino que la mejora en varios aspectos. La historia per se es exagerada en sus formas, pero... ¿la adolescencia no es eso? La búsqueda eterna, la dramatización de todas y cada una de las cosas que nos van aconteciendo. El tratar de ser diferente, el querer amar, el querer ser parte de. En este nuevo reencuentro con la obra me sucedió algo nuevo: no digo que encontré las respuestas como tal pero me di cuenta que tampoco es tan relevante, lo importante es otra cosa; el preguntarse. Ahí está todo. No tengo una sola respuesta a nada, supongo, sin embargo nunca dejé de preguntarme y creo que ahí está toda pulsión. En seguir buscando respuestas imposibles. 

    Saturado de tanta coming of age yankee, decidí moverme al otro lado del mundo, cambiar de prisma. Ahí me choqué con lo mismo de siempre pero distinto, ¿me explico? Christiane F. es la perfecta representación de porque los temas de la adolescencia son siempre los mismos y anacrónicos, pero a su vez... hijo de su contexto, dando narrativas únicas. 1981, Alemania, de más está decir que acontecía por aquellos lares. En todo este contexto caótico es que nace una obra que narra la vida de una joven que crece en los 70's en Berlín y en el mundo de las drogas duras. De por sí la trama es dura, pero la película es una increíble representación del descenso al Infierno. Un Infierno qué toma lugar en la propia Berlín pero sobre todo, en sus mundos subterráneos -lógicamente-. Dónde poco a poco y a medida que nos adentremos en los círculos más profundos los monstruos irán deformándose más y más, muertos vivientes serán. Monstruos y demonios que serán presentados en muchos casos sin mostrar bien sus rostros. Y así es como en este descenso nuestra protagonista irá desdibujando cada vez más el límite y se alejará cada vez más de la vida en la tierra -no la vemos ir a la escuela, interactuar con su familia, ni siquiera actividades de una persona de su edad-. Es decir, más profundo es el círculo del Infierno, más alejada se encuentra la vida en la tierra. "Abandonad toda esperanza quienes aquí entraís" leyó Dante en la entrada al Infierno. Sin embargo... ¿qué debió de hacer Dante para salir del mismo? Bien sabido es que tuvo que descender escalando hacia abajo por el cuerpo del mismísimo Lucifer -recordemos, Satanás se encuentra con la mitad del cuerpo en un lago congelado, el Cocito- para llegar así al centro de la tierra. Una vez sobrepasado el centro de la tierra, cambia de Hemisferio y en consecuencia la gravedad, deja de descender para comenzar a ascender y llegar así al Monte Purgatorio. Ahora, el camino para Dante es otro; encontrar la redención. Y esto es perfectamente aplicable a nuestra protagonista, Christiane. Quien desciende cada vez más y más, hasta que de tanto descender, debe de tener un último descenso a través de Lucifer -la última jeringa-. Y así es que termina en otro lugar y lejos del Infierno de Berlín. Hamburgo para ser más exactos, y les invito a mirar el mapa de Alemania, donde esta ultima ciudad queda, lógicamente, por sobre Berlín. Ahora, a Christiane le toca comenzar a ascender por el camino de la redención, toca su viaje a través del Purgatorio, pero claro está... ese es otro cantar de La Divina Comedia. Tal es así, que el director años después sacaría una película. ¿El título? Purgatorio.

Stop-Zemlia, dir. Kateryna Gornostai (2021)

    En esta nueva búsqueda terminé en Ucrania. Contrariamente a lo esperado, me encontré con una coming of age tan tierna como cruda -esperaba algo más crudo por el lógico contexto del país-. Una obra visualmente preciosa. Que tiene unos momentos donde la iluminación se roba absolutamente todo. El brutalistmo está más que presente y el sentimiento angustiante del "lo-fi", de alguna manera, también. Por otro lado, la película en un principio es difícil entrar debido a su ritmo y a que no parece haber un conflicto per se, hasta que una vez adentrados -y que uno, inevitablemente, agarra muchísimo cariño para con sus personajes- es muy difícil de escapar y se transmite a la perfección la incomodidad de sus protagonistas en un contexto por demás desolador como es el conflicto bélico en Ucrania, un conflicto que siempre está presente. Sobre todo en sus paisajes y en el temor para con el futuro que sienten sus personajes, un futuro por demás incierto y un presente que es afrontado como se puede: en compañía y en la eterna búsqueda del quien soy, con el amor/desamor de por medio. Y por supuesto, con ansiedades y depresiones estando latentes. 

Ahora bien, en toda esta amalgama de obras me di cuenta que como dije con anterioridad, no se trata tanto de la respuesta en sí, sino más bien de la búsqueda. El coming of age es un género en el que se está en una búsqueda contaste. Ya sea de respuestas o del descubrimiento de un mundo nuevo e interior. Y esto es inherente al lugar y a la época. Siempre son las mismas cuestiones. La principal y única diferencia yace en como son atravesadas -las drogas de los años 70's, la crisis del HIV, el realismo sucio de los 90's, la transición anacrónico/digital de los 2000's o la hiperconectividad de las redes sociales de los 2010's/2020's-. La importancia, como siempre, está en preguntarse y repreguntarse absolutamente todo, esa es la gracia. Tratar de encontrar una respuesta a algo imposible de saber. Y el coming of age es, en muchos casos y esencialmente, una herramiento para aprender a preguntarse. Ya que la pregunta es una herramienta para toda la vida. En la pregunta está la formación de un pensamiento crítico. En la pregunta está la capacidad de atravesar. En la pregunta está la respuesta a la comprensión del mundo que rodea. En la pregunta se encuentra la historia de toda la humanidad. En la pregunta nos encontramos vos y yo. En la pregunta están tus antepasados y los míos. Mi abuela alguna vez se preguntó, la tuya también. En la pregunta están todos nuestros odios y todos nuestros amores. En la pregunta está el pasado, el presente y el futuro. En la pregunta están todas las obras de arte de la historia. Nunca dejemos de preguntar, independientemente de si existe respuesta o no ya que recordemos... la no respuesta es una respuesta.


Comentarios